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El doble estigma de los jóvenes menores extranjeros con problemas de consumo. Entrevista a M. José Vera, directora del Centro educativo terapéutico (CET) Dianova “Las Torrecillas”

En el CET Las Torrecillas contáis con amplia experiencia acompañando a jóvenes de diferentes nacionalidades, ¿cuáles son sus realidades?

Si, efectivamente tenemos experiencia de más de 20 años acompañando a chicos de otras nacionalidades, la mayoría de ellos de origen marroquíes, y también hemos acompañado a chicos argelinos y subsaharianos.

¿Qué dificultades añadidas se han encontrado estos jóvenes antes de llegar a vuestro centro por el hecho de proceder de otros países?

En primer lugar, las barreras idiomáticas. Si un chico que tiene problemas intenta explicárselo a un profesional y el profesional no entiende su idioma, difícilmente podrá asignarle u orientarle a los recursos que necesita o el más adecuado. Otra dificultad tiene que ver con las diferencias culturales, es decir, hay pautas conductuales que tienen que ver con su cultura, pero esto se patologiza desde una interpretación occidental y se atribuye a que forma parte de su problemática cuando no lo es, el marco de referencia es cultural y debería de tenerse en cuenta. También son jóvenes que están muy estigmatizados y este estigma se ve replicado en ciertos equipos profesionales y servicios, quienes tienen un concepto muy marcado sobre ellos. Otra cuestión a considerar es la desconfianza que sienten estos chicos cuando encuentran que alguien les tiende una mano.

¿Cómo tenéis en cuenta estas cuestiones tan significativas en vuestro programa?

Lo primero que hicimos fue adaptar la plantilla a este tipo de perfil, hemos contratado personal con un perfil y una formación específica. Contamos con miembros del equipo que son de origen extranjero y hablan el mismo idioma de los chicos y entienden de manera natural muchas cosas de sus realidades. Cuando llega un chico que no habla español, estas personas contribuyen a romper la barrera del idioma, además de sensibilizar al resto de la plantilla a conocer su cultura, esto ha contribuido a romper muchos estereotipos interiorizados que teníamos. En definitiva, esto ha sido una oportunidad de cambio, reflexión y sensibilización para todos los miembros de la plantilla también.

Y una vez que finaliza el tratamiento cuando cumplen la mayoría de edad, ¿qué sucede? ¿Tienen que sortear barreras extra para la reinserción sociolaboral? ¿Cómo impacta el estigma social en este proceso?

Sí, definitivamente se encuentran una serie de “muros” simplemente por ser personas racializadas. Cando ellos cumplen la mayoría de edad o cumplen nuestro programa, tienen que ingresar en otros recursos que, en primer lugar, ya ponen ciertas trabas para admitir a jóvenes que hayan presentado estas problemáticas, incluso aunque hayan finalizado con éxito nuestro programa terapéutico. Los recursos de enlace replican el estigma y la idea preconcebida de que estos jóvenes van a ser problemáticos y pueden ser disruptivos. Esto se debe a la etiqueta de haber tenido problemas de conducta y de consumo, sumado al estigma de ser menores extranjeros.

Por otra parte hay muy pocos recursos de emancipación que den respuesta a los chicos extranjeros que han cumplido 18 años y deben desenvolverse solos en el mundo. Sobre todo los chicos extranjeros que no tienen apoyo familiar o referentes cercanos, de nuevo el estigma que hay hacia ellos se traduce en una barrera absoluta para acceder a este tipo de recursos… tenemos dificultades en conseguir plaza allí  para nuestros chicos que finalizan el programa.

¿Qué crees que debería cambiar en el sistema para hacer un mejor acompañamiento de estos jóvenes? ¿Cómo podemos incidir desde las ONG en esta situación?

Deberían existir más recursos cuando los chicos cumplen la mayoría de edad y que no respondan a dinámicas que perpetúan la exclusión, es decir, que se atienda a todos y todas las personas que lo necesiten, apostando por la inclusión, independientemente de su procedencia. Es lo más adecuado para ellos, que se desarrollen y se desenvuelvan integrándose con todo tipo de personas, ya que esto garantizará que se adaptarán mejor a la realidad que hay fuera de estos tipos de recursos. Las ONG tenemos una función fundamental a la hora de cambiar el pensamiento que tiene la sociedad hacia estos jóvenes, tenemos que contribuir a romper estigmas y prejuicios. De hecho, creo que se da demasiada visibilidad a las problemáticas asociadas a estos jóvenes y no tanto a las historias con final feliz, en nuestro centro tenemos muchas de este tipo.  Hace unos años un joven llegó a nuestro centro y empezó mostrar interés por el Muay Thai y esto se convirtió en una de sus actividades del plan terapéutico. Conforme su interés y compromiso con este deporte fueron creciendo, participó en diversas competiciones y fue campeón de Andalucía y de España. Su historia ha roto muchos prejuicios; hoy es un referente en el deporte y lleva una vida no solo normalizada, sino ejemplar.


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